Y sin embargo, no lo estás…
Quizá no se ve desde afuera, pero lo sientes…
ese cansancio, que no se quita durmiendo,
esa sensación de estar… pero no habitándote,
Y en medio de todo ese ruido emocional, algo en ti grita que ya es hora de escucharte.
Porque los Cuentos de Hadas no fueron escritos para entretener a niñas,
fueron creados por personas que sabían lo fácil que es perderse en el bosque de la vida…
y entendieron que, a veces, una historia es como esas migas de pan,
pequeñas señales que nos ayudan a encontrar el camino de regreso a nosotras mismas.
Para ti, si alguna vez has sentido que:
Y también es para ti si…
Durante este viaje:
🤍 Reconectarás con partes de ti que habías silenciado.
🤍 Identificarás los arquetipos femeninos que habitan tu historia interna.
🤍 Darás voz a lo que tu cuerpo y tus emociones llevan tiempo esperando decirte.
🤍 Empezarás a soltar la necesidad de aprobación y a mirarte con ternura.
🪷 Y recordarás algo esencial: tú también tienes derecho a elegirte.
🦋 Todo ello a través de potentes herramientas Psicoterapéuticas de enfoque humanista, Escritura terapéutica, Arteterapia e Hipnosis Ericksoniana entre otras…
Desde niña, los Cuentos me fascinaron.
No como entretenimiento. No como fábulas para crear niñas dóciles o princesitas sumisas.
Yo siempre sentí que escondían algo mucho más poderoso… y lo sentí porque lo necesitaba.
Crecí en los años 70, en un entorno familiar, emocional y económico muy complicado.
Un contexto donde nadie hablaba de emociones, donde los adultos hacían lo que podían “para traer el pan a casa”, y donde lo invisible —el miedo, la tristeza, el desconcierto— quedaba atrapado en los cuerpos de los niños que, como yo, intentaban comprender sin palabras lo que no se nombraba.
Tenía todas las papeletas para perderme en el bosque de la vida.
Y me perdí.
Y como en los cuentos, también me encontré más de una casita de chocolate, dulce en apariencia… pero llena de trampas.
Uno de los cuentos que me hipnotizó de pequeña fue Pulgarcita.
Esa niña flor que nace diminuta, inocente y luminosa, y a la que le van ocurriendo cosas tan difíciles, tan injustas…
Pero que, a pesar de todo, encuentra la manera de escaparse —una y otra vez— de los sapos, los topos, las arañas…
Yo tenía 6 años cuando leía y releía aquel cuento. Y sin saberlo, entraba en un trance profundo.
En esa niña pequeña, diminuta y astuta, empecé a descubrir que yo también tenía dentro una semilla de sabiduría, de intuición, de astucia.
Los cuentos me mostraban lo que nadie podía explicarme.
Eran espejos. Eran claves. Eran refugio y mapa al mismo tiempo.
Hoy, después de años de formación, de estudio, de terapia y acompañamiento, sigo sintiendo que los cuentos clásicos son mucho más que relatos antiguos.
Son alegorías de nuestro mundo interior. Son el lenguaje simbólico de las emociones.
Y también son un puente con lo real, con el mundo que nos rodea y nos marca.
Por eso, trabajo con ellos.
Hoy acompaño a otras mujeres a reencontrarse con su propia Pulgarcita interior…
porque muchas, alguna vez, hemos tenido que escabullirnos de algo que no elegimos.
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